«El inmigrante no quita derechos, construye sociedad»
Una reflexión jurídica y humana frente a los prejuicios. Por qué perder el miedo a exigir nuestros derechos es el primer paso hacia la plena ciudadanía.
A menudo escuchamos en la calle, en los medios y en las redes sociales un discurso peligroso que se repite como un eco: «El inmigrante viene a quitarnos lo nuestro». Como ciudadana que ha crecido en la pluralidad y como abogada que pisa a diario los juzgados y las oficinas de Extranjería, siento la responsabilidad de desmontar este mito.
La realidad que yo veo cada mañana en mi despacho en Eibar es diametralmente opuesta a ese discurso del miedo. La realidad se escribe con madrugones, con impuestos pagados, con negocios locales que se levantan y con familias que solo buscan paz.
1. Los números no mienten, los prejuicios sí
El sistema legal y económico español necesita a la población migrante. No es una opinión, es demografía pura. Quienes vienen de fuera sostienen pilares fundamentales de nuestra economía: desde los cuidados a nuestros mayores y la agricultura, hasta el emprendimiento en nuestros barrios y el pago de cotizaciones que garantizan las pensiones de todos.
El inmigrante no quita derechos; de hecho, es el primero al que se le recortan cuando la burocracia falla. Se le exige el doble para demostrar que merece estar aquí, enfrentándose a barreras administrativas que a menudo rozan lo inhumano, como la imposibilidad de conseguir una simple cita previa o la negativa a un empadronamiento.
2. El peaje de la integración (y el miedo)
Durante mis años de activismo por los derechos civiles y la educación, aprendí algo fundamental: el mayor enemigo de la integración es el miedo.
- Miedo a hacer ruido.
- Miedo a reclamar un contrato justo por no tener «los papeles».
- Miedo a denunciar un abuso por si llega una orden de expulsión.
Ese miedo paraliza, y una sociedad paralizada no avanza. La integración real no significa renunciar a quién eres; significa conocer las reglas del país en el que vives para poder participar en él en igualdad de condiciones.
3. Del activismo a los tribunales
Mi vocación como abogada nace exactamente de esta injusticia. Comprendí que para cambiar la narrativa, la buena voluntad no era suficiente; necesitábamos el dominio de la ley.
El Derecho de Extranjería no trata solo de rellenar formularios y pagar tasas. Trata de devolverle la dignidad a una persona. Cuando logramos un Arraigo Laboral, no solo estamos consiguiendo un plástico (la TIE); estamos consiguiendo que esa persona pueda alquilar una casa sin que la estafen, que pueda cotizar y mirar al futuro sin miedo.

Tu derecho a pertenecer
A ti, que lees esto y sientes que el sistema te da la espalda: no eres una carga, eres un motor social. No permitas que la desinformación o la burocracia te hagan sentir que no tienes derecho a estar aquí. Conoce la ley, exige tus derechos y rodéate de profesionales que te hablen con honestidad y te defiendan con rigor.

Si estás listo para dar el paso, regularizar tu situación y dejar el miedo atrás, hablemos claro.
